12.4.12

Mis refugios

siguen siendo

6.4.12

Tengo los labios rojos

pero esta camiseta

sólo sabes quitármela tú.





Feliz Viernes, amor.
Demostrar a todos los bares que ya no eres la misma persona, que ya no bebes ron, que has aprendido a rendirte, que tus ojos ya no están tristes. Que todo el mundo lo vea y no sepa con qué nombre llamarte.
Reírte en alto y hablar en voz baja. Pasar inadvertida y que lo que fuiste no pare de provocarte.
Dejar que la carretera y los Beatles te salven la vida,
y que esta ciudad se de cuenta de que tus intenciones ya no se parecen a lo que fueron. Que ya no abrasas, que ya no sangras.
Declarar la paz.

3.4.12

"Todo es horrible, o terriblemente bello". *

A veces nadie sabe qué decir, y a veces yo tampoco, y escupo frases aleatorias con rendijas que esconden todo el miedo que tengo. Me resguardan. Y hay algunas personas que escuchan y asienten, y yo me siento perversa de que sea tan fácil sentirme cómoda en medio de tanto cinismo. Asiento. Trago. Sonrío. Y por dentro hay pájaros chocando contra mis cristales.
A veces aprendo que histrionismo no es lo mismo que hipocresía, y a veces me emborracho y le digo a algunos extraños que la gente es tan rara y que la ciudad es tan hija de puta. Bebo un trago de una cerveza que no he pagado y sé que la energía deshecha y los pasos desordenados que doy se quedan flotando en un aire contaminado durante unos segundos. Tan solo unos segundos.
Nadie parece tener ganas de saber el nombre de nadie, pero a veces hay personas que se mueren por entrar en casas que no son suyas. La paradoja mueve al mundo. Nos gusta el sexo y el llanto; la manzana y la cebolla; los domingos y el puñal. Nuestro cuerpo se tuesta al sol pero por dentro estamos llenos de tempestades.
A veces la muerte parece una broma y la vida el contexto. Y me resulto espectadora de escenas que a veces me conmueven hasta hacerme llorar y parece que no me pertenecen aunque sean mías.
El drama siempre ha tenido algo de fascinante. Relamer mis labios una y otra vez, morderme la lengua, reírme hasta causar malestar al propio silencio.
Escapar siempre me ha parecido un verbo valiente, como también siempre he pensado que todos estamos huyendo y nadie se atreve a hablar de ello. Hormigas devorando un cuerpo inerte tan poco a poco que desaparece sin darnos cuenta. Gente sin edad ni ojos que corren hacia alguna o ninguna parte.
Contener el aire en la cabeza, el viento en el pelo y el tiempo en los dientes parece la única solución real e inteligente para tragar todo esto. Pasear lentamente, cercenar las calles enfermas de las ciudades, apagar a pedradas las farolas que quieren descubrir el secreto.
A veces la oscuridad es la única de manera de abandonar la cordura para no volverse loco.
Pero a veces también lo conseguimos y bailamos delante del fin de todo. Contenedores ardiendo, helicópteros sobrevolándonos y aún así podemos arroparnos con la manta como quien se abraza a sí mismo en medio de una tormenta de nieve.
Nos desnudamos. Follamos y lloramos. Acariciamos el suelo y nos quitamos los zapatos. A veces logramos encontrar la calma dentro de la calma que tratamos de mantener.
Y a veces, al menos, quedan dos manos que, combativas, abren fuego y la guerra, bajo el mismo nombre pero siendo otra cosa, se sostiene sobre uñas y caricias. Huellas dactilares como tatuajes y el ritmo de las horas en nuestra espalda.
A veces nuestros pensamientos son nuestras pesadillas, y a veces debería valer con saber que aunque la tormenta estalle ahí fuera, nuestra almohada está llena de estrellas.



"els que ballen i ballen fins que els músics parin / Los que bailan y bailan hasta que los músicos paren"


1.4.12

"que las alas arraiguen

y las raíces vuelen"

Juan Ramón Jiménez

25.3.12

"y lo mejor va a ser que bailemos juntos,
porque así bailamos mejor"

23.3.12

Acostumbraos, pies,
a estos nuevos zapatos de primavera.

Acostumbraos, ojos,
a tantas flores.

Barcelona no es una ciudad cualquiera en la que quitarse la ropa.
Sevilla no es una ciudad cualquiera en la que dejarse la piel.


La revolución ha entrado en mi cuerpo
y no piensa someterse.



21.3.12




Soñábamos ser Blanca y bailar en blanco y negro.
Soñábamos ser asfalto y empaparnos
y ser un montón de ciudades y un montón de luces.

Soñábamos con que iban a querernos así.

Desprendíamos calor.

El mundo nos miraba. Mientras, nos tragábamos la necedad

y reíamos.

Era fácil, a veces.


Fragmentos inconclusos e historias partidas y corazones sedientos y medio millón de acordes tristes que cantaban nuestro nombre pero que jamás lograban tirarnos al suelo.

Parecía fácil no caer al suelo.



Por el cielo de Madrid pasan muchas cosas, menos mi vida.

Ahora agarro el tiempo entre los dientes
sobrevivo
sonrío
bailo despacio
y el suelo a veces es jodidamente frío
y otras veces -algunas- puedo
volar.




18.3.12

de cómo salir ileso
o cómo encontrar motivos.

Nadie dijo nada de límites.

No soy los colores que me pintáis, las canciones que creéis que canto o las palabras que digo para calmar vuestros oídos.
No soy lo que pensáis.
No soy a la que leéis, a la que desnudáis o a la que creéis querer.

Soy otra cosa.

Tengo un millón de disfraces con los que vestirme para vosotros
y jamás vais a descubrir quién soy.

Jamás vais a querer.




Pero
"Nada me para cuando empiezo a crecer".


14.3.12


Pienso en asfalto, pero el mar sigue en mi.
Acaricio las calles pero las gaviotas aún me sobrevuelan.
Siempre lo harán.
He soñado con pueblos azules y faros.
Estaba sola. Pero tú estabas conmigo.

12.3.12

Andar

"Cuando terminó el verano atravesaba la ciudad encima de una bicicleta floja, de tornillos tan desajustados que avanzaba con el constante miedo de caerse en la próxima esquina. Llevó esta sensación a sus sueños - volaba, caía y se levantaba de nuevo.
Sea cual fuera el desafío por el cual se despertaba por las mañanas, vivía el resto del año con el cuerpo en posición de alerta."


Lena Topler
Extraído del libro "Para mi Alicia"



8.3.12

Frío en las camas donde nunca antes se atrevió a pasar el invierno.
Almohadas mojadas y el sexo escondido.
Las escaleras vacías de pasos
y las ciudades oscuras maldiciendo los besos que nunca van a ver.
Los niños sin nombre,
la bombilla de la cocina fundida,
mis pies descalzos sin suelo que pisar.
La tempestad.
Los Domingos por la mañana.
La infancia.
He tenido un día terrible en el trabajo.
Las canciones que permanecerán en el desconocimiento y los paraísos perdidos.
El mundo con las ventanas cerradas.
Los paréntesis y la piel cubierta de verano en un hostal de carretera.
Estás guapa recién levantada.
La madrugada en la que comenzó todo, la tarde en la que pudo haber terminado.
Todos los lugares poniéndose guapos para la foto
y mi corazón dándose entero y solo por todos los rincones de este planeta.
La cantidad ingente de miradas furtivas que no sugieren nada
y el camión de la basura.
Vamos, ¿no ves que llegamos tarde? Pero nos da tiempo, tal vez, a un polvo más encima de la mesa.
Las cortinas abiertas, el vecindario feliz.
Los perros sin amor que ladran por las noches,
el pueblo con mar que tenía la casa perfecta y era azul.

Las estaciones no son una cuestión climática. Voy a comprar todos los vestidos de primavera que existan y voy a seguir coleccionando mapas toda la vida.



Siempre
la misma
sustancia
para
componernos.

Siempre hechos de lo mismo.

7.3.12


No nos sabíamos las reglas pero jugábamos cada día.
Nos reíamos en la cara de un mundo que parecía querer reírse de nosotros. Éramos más rápidos, más bellos, más locos.
Éramos inmortales.
Flotábamos sobre las ciudades como si fuéramos nubes. Etéreos.
Éramos salvajes, fuertes, sedientos.
Indestructibles.
Nos pasábamos el sexo de la boca al puño, y del puño al corazón. Teníamos un lenguaje preciso y sutil de manos y un excéntrico gusto para elegir las personas que no se salvarían. Teníamos hambre de kilómetros y los bolsillos repletos de aire.
Sabíamos de antemano que el mundo no era tan frío, ni tan cruel, ni tan listo. Partíamos con ventaja. Echábamos a correr y las esquinas se doblaban para vernos pasar.
Éramos dioses poniéndole trampas a todos los verbos que hablaban de compromisos, futuros y temores.
Éramos más rápidos y pisábamos más fuerte.
Y estábamos dispuestos a arriesgar la propia vida por seguir sintiéndonos tan vivos.



Te dice: fíjate,
mira mis manos, ¿ves?,
no pesan nada, ¿ves?,
están flotando ¿ves?.*

27.2.12

"Y el fuego del infierno ya es sólo humo."*

23.2.12

Intuyo por dónde está la salida y me cobijo en el camino como en los soportales. Palpo el suelo con mis manos ciegas. La escarcha me quema por dentro y el ruido se me mete en las venas.
Pero no paro.
Me agarro al camino como a un clavo ardiendo. Estudio la huida, trazo los mapas, escribo cuadernos. La misma huida de siempre, la misma llena de sal y silencio. La que me salvó del infierno.
Tengo los ojos cerrados pero me lanzo al camino como sólo se puede lanzar a la vida.
Y estoy sola, con la sonrisa temblando y con el coraje en el bolsillo. Estoy desnuda, mientras alguien canta al final de la calle, con mi nombre clavado en la garganta de todos aquellos que jamás me llamaron.
El mundo son mis brazos, mi pecho y mis piernas.
Me suelto el pelo. Me quito la ropa.
El camino soy yo.

19.2.12

Tantos desconocidos. La soledad condensada en el suelo de mi habitación, y tanto ruido que no tiene que ver conmigo. Mi teléfono vacío y este no saber dónde meter tanto tiempo. Un montón de óxido rasgándome la piel y mi cuerpo impenetrable e impaciente. Todas las excusas que ya no doy, los motivos que no tengo, las mentiras que no invento. Los recuerdos que no recuerdo.

La desidia en las persianas que no bailan y no esconden nada. Mi piano ausente. Mi cama ausente. Mi ausencia. El polvo cubriendo las casas donde un día tuvimos infancia. Y también la desmemoria.

Tanta magia guardada en un saco roto y tan poca primavera. Tanto silencio. Tantas pocas personas. Lo contraproducente de la pasión, que te despoja, te desorden, te da la vuelta.

Las sábanas mojadas abandonadas y estoy tan cansada. Tan cansada.

Se me ha ido aquel olor del pelo, no sé a qué saben los besos ni cómo duele la huida. Los momentos que invertí en un futuro que ya ha pasado, que se consume, que envejece. No hemos guardado fotografías pero tampoco sabíamos que el olvido avanzaría con diagnóstico.

Mirar las calles con ojos extraños y buscar una voz que atraviese. El abandono. Los bares abiertos y mi corazón enclaustrado. Las palabras que nadie entiende, que nadie lee, los días pasando lentos. Inhóspitos.

El miedo a que las cosas se rompan, a los comienzos. Las ciudades bañadas de sol que recorro sola, a pasos lentos, a palabras de desamor. Los finales felices fatales.

18.2.12

Me he quedado a vivir al borde del precipicio.

15.2.12

Mis
colores
son
otros
Pisas mis fronteras y se me revuelve el cuerpo. Te escondes en los límites pero la nube negra te delata.


Parecías camino pero eras alquitrán, y todas las flores estaban muertas en tus balcones.


Ahora todo esto está intentando recuperarse del frío... Tanto tanto frío.


12.2.12

tristura



Un millón de nudos aquí dentro
y ninguna cuerda ahí afuera.

A veces las noches de Sábado, y los bares, y el alcohol, y la gente bailando y sonriendo me resultan brutalmente tristes. Esa gente que se dirige la mirada pero no se mira y habla con los oídos cerrados y parece feliz.
También me ocurre en los cumpleaños, y en las bodas, y en las celebraciones más alegres. Yo sólo puedo sentir una tristeza absoluta y aguda y sólo puedo darme más y más cuenta de que descubrirán la bomba en el primer movimiento del estallido.
Tengo emoción de funeral en algunos nacimientos, y un sabor amargo, de derrota, en las victorias más celebradas.
Hay veces en las que los aplausos y el entusiasmo me dan muchas ganas de llorar. Es entonces, mientras la gente se acerca y se quiere y se abraza, cuando yo huyo por la puerta de atrás con esa sensación de muerte y desasosiego. Brindando por la vida dulce con los labios cerrados, asistiendo a la muerte inevitable de todos los minutos y asumiendo esta tristeza serena como forma de vida,
sólo a veces,
cuando los colores duermen y el resto del mundo se ríe.

Sólo a veces.


9.2.12




"No preguntes ni por qué ni por qué no,
sólo yo sé el motivo y no es bonito.

Me mudaré a otro sitio, me iré de esta ciudad,
pero ahora es de mí mismo de donde me quiero escapar." *


8.2.12

complicidad correspectiva

Me mató muchas veces. Todavía lo recuerdo.
Me miraba fijamente, gesticulaba una mueca entre asco y venganza y vomitaba una frase de prisión y sangre.
Era un hábito, casi un ritual.
Después yo lamía mis heridas, en silencio y despacio, pero nunca me daba tiempo a estar lista para el siguiente asalto. Le devolvía golpes por la espalda, siempre desde el suelo, pero nunca le hacían daño.
Hablaba del origen, de la infancia, ponía su firma a cada palabra para justificar mis silencios. Me besaba en la boca, dejaba el plato limpio y se iba a trabajar con aquellas botas llenas de barro.
No era feliz y no quería estar solo en eso.
Cuando volvía yo limpiaba sus botas, le llenaba el plato y le hablaba del futuro. Nunca escuchaba y nunca decía basta. Sólo me mataba. Me mataba muchas veces.
Primero torcía la cara, después apretaba los dientes y al final me decía de qué color eran mis sueños y qué nombre llevarían mis pesadillas. Yo callaba, anestesiaba mi amor y cerraba los ojos. Eso hacía; desnudarme para exponerme a la tormenta, reunir plomo para pisar más lento, ayudarle a acabar conmigo.
Me mató tantas veces que aún no sé si me mató del todo.
Y ya no queda apenas nada.
La rabia se convirtió en alivio, la venganza en olvido y el tiempo perdido lo invertí en historias que acabaron por suceder.
Lo que sí queda es la culpa.
Siempre la culpa y mis propias manos señalándome. Mi boca acusándome,
una y otra y otra vez, de cómplice de asesinato.

7.2.12

Las peores canciones de regueton,
las más casposas.
Joder, las melodías más horribles que se crearon en la historia

son las que mejores recuerdos me traen.
Los jodidos acordes del horror y los ritmos enfermizos.


Algo ahí arriba se está riendo de mi. (O ahí abajo).



[Un día quise tanto que casi, casi explota todo mi cuerpo.]


5.2.12


Había un verdadero motivo esperándome,
y era este.




so slowly

22.1.12

nada (me) pertenece

21.1.12

Todo puede estallar en algún momento.
.
.
.
.
Todo va a estallar en algún momento.

La mitad de las canciones saben a despedida y la otra mitad se me queda pequeña.

Lo que un día me emocionó ya no me hace temblar, y no queda apenas nada de aquel entonces pero sigue impregnando su olor por todas partes. En este montón de ropa tirada, en estas manos, en este arsenal de aquí no pasa nada pero otras veces lo ocurrió todo.

Recuerdo la lluvia de Madrid, y la luz de aquella playa y las carreteras y el verano atemporal acomodándose en mi piel, y el viento y el cuerpo y el deseo que extasiaba porque estaba prohibido. Y las tormentas que perseguíamos y los amores que rompían las estaciones y los pretextos y el asfalto y las curvas y las cadenas que amenazaban los cimientos de toda la ciudad. Y el sexo cadente y candente y las promesas invertebradas y los futuros inciertos que guardaban silencio.

Siempre me he negado a ser la mitad de mi misma que piensa en huir, pero nunca he dejado de hacer maletas. Y ahora soy solo dos mitades subdivididas en dos mitades y he podido vencer a la melancolía y ahora echo de menos la emoción que un día me mató, toda aquella nostalgia que pudo conmigo y que ya no está aquí.

Esa mitad de la música que se niega a pararse y que me sigue tiene acordes menores y se multiplica por la noche. Me rodea pero no consigue entrar. Y yo abro puertas, y ventanas, pero nada es suficiente. Nadie entiende una mierda y yo no sé cómo explicar. No sé cómo querer explicar.

Guardo los olores, el vaho en los cristales, las prisas por subir, las ganas de escapar, toda la vida en ese coche, toda mi vida en ese coche. Recuerdo los nunca más, los esto va a perseguirme siempre y aquel dame un beso que recuerde hasta que sea viejita. La música en directo retumbando en mis oídos, las cartas, todas las ideas fracasadas que no llegaron a nacer del todo, y el sudor y los planes equivocados y las palabras a destiempo y ese portal que me vio querer, llorar, redimir, eclosionar y morir.

A veces es Domingo demasiado tiempo, y otras veces los Domingos son primavera. Y ya no sé con qué quedarme o qué música bailar. Qué hacer con lo puesto, a qué contenedor tirar todo lo que sobra pero es mío. Y no sé si pisar el acelerador ahora que puedo o dejar que otro viento me vuele el pelo. Y no sé si alguna vez tendré una ínfima oportunidad para volver a sentir todo aquello que era tanto y todo y tan.

Todo lo que soy puede resumirme en un par de calles y tres fotografías, pero todo lo que fui y ya no lleva mi nombre no cabe en ninguna canción, en ninguna frase y en ninguna vida.

16.1.12

Puede que otra vez no sea cierto, pero siento cómo el fuego me quema por dentro.






Nos vestíamos
despacio
después de habernos arrancado
la piel.

7.1.12

adiós a todo esto.

6.1.12

Quemar cada centímetro de ciudades ya de por sí muertas. Arrastrar el cadáver como se arrastran hojas también sin vida.
Acercar la soga a los corazones cansados de latir aún sabiendo que son ellos los que dan cuerda al mundo. Empujar después la silla.
Beberse los veranos estancados en bares de barrio, besar las malas costumbres disfrazadas de labios extraños, bailar con la muerte de viejas pasiones mientras otro mundo explota en algún sitio.
Buscar pretextos en cuchillos afilados, moderle el cuello al invierno, permanecer en una vida que no es la tuya mientras cesa la tormenta.

Cumplir el protocolo.

30.12.11

"La vida es bestia"
"entran y salen las penas"

Ahora que hemos pisado la ciudad con toda nuestra rabia sólo queda recorrer sus alrededores. Pisar sus límites pidiendo permiso, maquillar las palabras malgastadas y pretender que no se nos imponga castigo.
Asumimos sin rechistar, sin embargo, este invierno que nos alcanza de madrugada y también estas luces que están cansadas de brillar y amenazan con apagarse.
Ya no quedan cosas que vivir en estas calles, y estas calles nos queman los pies. Y probablemente, lo peor, es que ninguno de nosotros haya entendido nada, y sigamos presumiendo de saberlo todo.

Esta ciudad ha jugado con nosotros y nos ha escondido las reglas en algún rincón.

27.12.11

Fue arena cuando dije salitre, y fue aire cuando dije montaña. Se convirtió en luz cuando hablé de ciudades y fue melodía cuando quise cantar. Luego fue sábana cuando me desnudé, se vistió de mañana cuando tuve pesadillas y me dijo "estoy aquí" cuando soñaba con desiertos.
Quise quemar ciudades y nos prendió fuego, me sentí extraña y me dio la mano,
y luego quise que los kilómetros fueran mentira y se rio del número novecientos noventa y cuatro, contagiándome la risa.
Le pedí rincones y me ofreció búnkers, pronuncié indescriptible e inventó verbos, le dije distancia y creamos un lenguaje.
Cómo no voy a estar tranquila si descubrimos la fórmula y ahora guardamos el secreto.
El mundo va a arder y nosotros seremos llama y seremos calor,
y el resto
solo
cenizas.
"A Sunday mile we paused and sang.
A Sunday smile and we felt true"

26.12.11

Gjon Mili

23.12.11



"Habéis empujado hacia mí estas piedras.
Me habéis amurallado
para que me acostumbre.
Pero aunque ahora no pueda
ni intente dar un paso,
ni siquiera proyecte fuga alguna,
ya sé que es por allí
por donde quiero ir,
sé por dónde se va.
Mirad, os lo señalo:
Por aquella ranura de poniente."

Carmen Martín Gaite


Me pintasteis tantos colores que el resultado fue solo negro. Esperabais con expectación la luz de algo que no iba a brillar. Estabais atentos a que ocurriese algo. Me abrazabais y me dejaba abrazar, cantabais y yo bailaba.
Ahora, miraos, estáis metidos en un cajón que huele a cerrado y a desmemoria.
Yo sé lo que érais para mi, y también lo que yo era para vosotros.
Un ejército de momentos sin autorización.
Soles de invierno.
La impaciencia interrumpiendo en los portales.
Y ahora os amontono sin conciencia. Estáis rodeados de música que ya no escucho, de libros que ya no leo, de palabras que ya no hablan de mi.

Y sin embargo, ya veis,
la habitación sigue siendo roja,
pero es que mi corazón
(el de ahora)
también.

14.12.11

Infancia

Eso era.

Limón y azúcar.

13.12.11

Era mi suelo, y era mi sol, y eran mis pies.
Y ahora son un millón de manos apretando mi estómago y pintando estas paredes con mi sangre.

10.12.11

me habéis vendido.

9.12.11

Resulta

Nos cogíamos de la mano para huir de los malos y nos metíamos en mares ficticios porque lo único que pudimos fue cruzar un río, y ni siquiera nadando. Soñábamos con bares y con bicicletas en el techo, y con ciudades que iban a salvarnos, y con canciones que iban a condenarnos.
Nos reíamos de todos y nos quitábamos la ropa para quien no lo merecía. Nos complicábamos la vida, éramos jóvenes, no teníamos cuerda, no teníamos salida pero sí un montón de caminos que seguir.
Nos cogíamos de la mano y nos descojonábamos al doblar las esquinas. Fotogramas lentos
lentos
terriblemente lentos
en nuestras cabezas.

Yo la quería, y ella me quería, y era tan bello que sabíamos que iba a explotar.



demasiadas pocas cosas

1.12.11

kilómetros por recorrer

26.11.11


"El cementerio de pianos era enorme. Las tardes eran del tamaño de generaciones encadenadas. Yo escogía un piano, lo abría y me quedaba mirando su mecanismo en reposo. Nunca conseguía dejar de pensar que mi vida, diluida en el tamaño de aquellas tardes, era exactamente como el mecanismo en reposo de un piano: el silencio frágil de las cuerdas alineadas, la perfección geométrica de su muerte aparente, resucitable en cualquier momento que no llegaba, un momento simple como tantos otros sería suficiente, un momento que podría llegar pero que no llegaba."
Cementerio de pianos - Jose Luis Peixoto



Volver como se vuelve a un amor no resuelto. Apoyar la mano en un lateral y sentir el sonido pulsando las cuerdas y haciendo vibrar la habitación. Aprender cómo funciona una máquina que fabrica emociones. Cerrar los ojos y tratar de descifrar todas las notas, dibujarlas en una línea, cantarla con la garganta cerrada.
Volver como se vuelve, cuando se vuelve con ganas, a las causas perdidas. Sentarte ante el primer blanco y negro que no es pasado, y que se postra ante ti como un cuerpo abierto.
Dar todo, o dar algo, y que merezca la pena.

22.11.11

Ven, certeza, y desenrédame el mundo.

17.11.11

He bebido en bares llenos de gente,
bailado en fuentes,
estudiado en restaurantes y hecho el amor en parques.
He desnudado en calles oscuras y frías,
echado de menos en verano,
querido incondicionalmente (de verdad, sin condiciones).
He viajado sola, pintado casas en mapas desconocidos,
escrito cuatro cuadernos con mis días,
escrito más de 50 con frases que tenía que memorizar.
He escuchado canciones de las que me avergoncé,
y llorado con músicos de calle.
He sorprendido, y he decepcionado,
me han querido y me han jodido.
He dejado de confiar en todo el mundo
y luego me han abrazado.
He tenido suerte, y la he perdido,
igual que las llaves de casa, más de 5 carteras y los paraguas.
He hecho fotos quemadas, oscuras e irrepetibles.
He visto menos películas de las que quisiera, y he grabado videos en Domingos.
Me he deshecho, han hablado mal de mi, me han dicho pequeña.
Me he quemado con el horno, he sido atropellada con un coche,
he quemado kilómetros como se quema la gasolina.
He besado en los subsuelos, he representado muchos papeles,
he querido llorar y he reído.
He vivido en siete casas distintas, hecho más de 4 mudanzas,
subido mi piano por las escaleras de tres portales.
Me he comprado un violín, una guitarra y la boquilla de un saxofón.
He estado en el carnaval de Cádiz, me he dibujado gaviotas,
cogido muchos autobuses.
He ido a muchos conciertos,
amado con Aute, llorado con Ara Malikian y bailado con Tom Waits.
Siempre he pensado que las palabras nunca son suficientes,
y esta vez también es verdad.
Estoy viviendo mi vida tal como quiero vivirla,
a veces al 99%, a veces al 20%.
Vivo en una casa llena de luz, con dos balcones y dos plantas,
y ahora me esperan,
en la calle
llena de luz.
Personas que ahora lo son todo y quizá luego no sean nada.
Qué más da.
Qué bien vivida mi vida.

3.11.11

por fin puedo decirlo alto y claro


nadie sabe nada,
ni siquiera mi nombre.
Se me incrusta una tristeza que no existió nunca antes,
y que no puedo definir
ni tocar
ni llamar por su nombre.

Las ciudades me siguen engañando, y yo me dejo,
y aparezco con los pies mojados
y las ganas dormidas.

Los Otoños nunca dejaron de ser violines ni caminos desandados.