9.5.12

No se nos vio la cara con el pelo pero estábamos sonriendo, y estábamos tristes. Rajando la ciudad como algunas veces antes habíamos hecho, con la cabeza a años luz y las manos una dentro de la otra.
Si se acaba el invierno de qué nos vamos a curar, cuál va a ser el frío al que plantar cara, qué va a pasar con todas las habitaciones que huelen a cerrado y que esperan que abramos sus ventanas. A qué va a oler volver a casa.
No se nos vio el pecho pero teníamos un corazón que dormía en alguna parte. Arrastrando los pies y pensando dónde colocar ese millón de hojas muertas. Cantando con la voz pequeña y con la boca cerrada.
Pensábamos “si arden las ciudades dónde vamos a vivir”, cuál será el siguiente desafío, con qué vamos a iluminarnos los ojos cuando todo se haya convertido en cenizas.
No se nos vio la piel pero nuestra sangre fluía como un río que se está quedando dormido.
Bailando lentamente con la inercia del deseo, traicionando con nuestros pasos el silencio que inventamos. Todas las canciones que no nos habían dado permiso, todos los momentos que esperaban impacientes detrás de la puerta. La muerte que se anidaba en sus años y que irrumpía en los míos.
Grité fuerte “bésame de una vez y estoy segura de que todo el mundo lo escuchó. Pero no era invierno. Tampoco era la casa. No era el fuego. Y tal vez ni siquiera éramos los mismos.

8.5.12




Pero lo importante es, a veces,
que el amor existe
y que también se puede hacer.

4.5.12



La oscuridad mancha el suelo y el humo nos difumina los ojos y nubla las miradas.
Aguanto los acentos con imprevisible fortaleza.
Escondo el teléfono en el fondo del bolso.
Dejo que las palabras que no puedo darte se mueran en mi cabeza.


No está bien decir que me muero de ganas.
Y que, de a ratos, también simplemente me muero.

3.5.12

No se olvida un baile lento, la emoción desbordándose, mis movimientos reflejados en unas pupilas. No se olvida la oscuridad contenida en su boca.
No se olvida un cuerpo recorrido, el olor del látex, la alegría del sonido de una puerta que se cierra. La lascivia en los portales, el deseo despierto (y despertando). El agua rodeándonos.
No se olvida el vicio y la piel. El ritmo. Las ganas.
Mi lengua acuchillando, las manos que me dieron de comer. 
No se olvida la filmografía erótica de tu propia vida. Ni un solo fotograma, ni el silencio. Ni el acento.

No se olvida un baile lento.
Ni los que jamás se bailarán.



1.5.12

trozos de otros tiempos y de otros suelos y de otra vida











Si teníamos hambre masticábamos ciudades.
Si teníamos sed nos cambiábamos el nombre y rompíamos los vasos después.
Yo siempre estaba  en primera fila,   ávida,   con todas y cada una de las ganas.
Apretaba los labios y no los dientes. Me fascinaban los atardeceres. Me quitaba la ropa despacio.
Me sobraban los besos.
No quiero que vuelva aquel sonido. Mi risa ahora suena distinta.  Pero era bueno saberse loca, capaz y 
eterna.

29.4.12

Bailar bajo las tormentas sola no es igual de excitante. Acariciar los Sábados como si fueran importantes es demasiado mundano. 
Inge me ha dicho que tenía una herramienta para trabajar sólo fabricada para arrancarle el corazón a las manzanas. Es una idea inteligente, pero podría escribir muchas páginas en torno a lo poéticamente atroz de la idea.
Tu nombre me llena la boca y tengo el recuerdo de unas sábanas rojas inyectado en la retina. Bea me dijo "no tienes perdón, tienes primavera", y yo sonreí pero por dentro mi propio cuerpo corría chocándose contra las paredes de mi misma. 
Por suerte hace tiempo descubrí que nunca es buena idea viajar ante un mar de asfalto si el salitre no te cala hasta los huesos. Y en Madrid pocas veces el cielo se llena de sal y arena.
Mi casa no es refugio. Mi cuarto no es refugio. Mi cama no es refugio.
Los aeropuertos deben de estar colapsados. Y esta ciudad está muy cansada. Y yo tengo hambre y no paro de acabar con todos los vasos llenos. Y cambiar los muebles de sitio es tan sólo una forma más de redimirse.

27.4.12

Pasó




Las lágrimas por las guerras que no nos atrevimos a empezar han dejado de tener sentido. Hay cosas que sí ocurrieron.

Te has quedado en mis cosas.
Ya se fueron mil años. 
Es difícil pensar en finales cuando mi cuerpo acaba de empezar.
Hemos sobrevivido al 2011. Hemos sobrevivido a un millón de años. Nos hemos sobrevivido a nosotros mismos.
El mundo tiene ganas de reventar, las casas se desprenden, las sonrisas se difuminan y desaparecen, la crisis devora a nuestros bastardos como el Coloso devoró al pueblo de Goya y yo puedo romper la vía láctea y todo el maldito orden cósmico con una arista de mi deseo. 
La lógica es una doncella hipócrita. Resentida y abandonada amante del universo.
He visto vuestras caras. He visto la infinita claridad en vuestros ojos ante el desconcierto por comprender que el Orden sólo es el Caos travestido de humano. 
Dionisos reinará dos mil once años más. Lo he leído en tus lunares. 
La crisis nos mastica.
Las flores no creen en Dios. 
No puedo pensar en un final cuando mi cuerpo acaba de empezar. 
El hambre se viste de futuro. 
La luna se está descolgando y yo en lo único que pienso es en besarte. Lo único que me importa es besarte. Lo único que quiero es besarte.


Juan José Morales Acosta
[que además es mi amigo]

26.4.12



Quién eres.



19.4.12



"como la propia Katy Jurado,
con las nubes negras detrás"

16.4.12

El hombre que inventó Manhattan hoy me dijo:

"La música siempre vuelve".


Hay huidas que siempre acaban cruzando tu misma esquina.

15.4.12

No sé si lo he soñado o lo he vivido.


Y al final todo es un montón de eso.

14.4.12

No quiero salir de la velocidad, porque para qué.
Los abrazos nos curan las heridas pero con este viento envolviéndonos, quién se atreve a rodearnos.

No quiero que la lluvia cese, porque quién sabe si no es peor la niebla.

Prefiero tener que lidiar contra los pijamas y las almohadas sedientas que contra un ejército de momentos cobardes.
Ojalá pudiésemos salir de aquí y este cuarto no estuviese lleno de espejos. Pero si lo que tenemos es esto, no quiero que apaguemos la música,
no quiero que bajemos a tierra,

no quiero tensión en mi cuerpo.

No quiero
más
excusas.


Este tornado no nos quita el hambre, pero al menos nos despeina.

(Y siempre estuvimos más guapos con el pelo revuelto).


13.4.12

Ráfagas blancas de mis noches.




12.4.12

Mis refugios

siguen siendo

6.4.12

Tengo los labios rojos

pero esta camiseta

sólo sabes quitármela tú.





Feliz Viernes, amor.
Demostrar a todos los bares que ya no eres la misma persona, que ya no bebes ron, que has aprendido a rendirte, que tus ojos ya no están tristes. Que todo el mundo lo vea y no sepa con qué nombre llamarte.
Reírte en alto y hablar en voz baja. Pasar inadvertida y que lo que fuiste no pare de provocarte.
Dejar que la carretera y los Beatles te salven la vida,
y que esta ciudad se de cuenta de que tus intenciones ya no se parecen a lo que fueron. Que ya no abrasas, que ya no sangras.
Declarar la paz.

3.4.12

"Todo es horrible, o terriblemente bello". *

A veces nadie sabe qué decir, y a veces yo tampoco, y escupo frases aleatorias con rendijas que esconden todo el miedo que tengo. Me resguardan. Y hay algunas personas que escuchan y asienten, y yo me siento perversa de que sea tan fácil sentirme cómoda en medio de tanto cinismo. Asiento. Trago. Sonrío. Y por dentro hay pájaros chocando contra mis cristales.
A veces aprendo que histrionismo no es lo mismo que hipocresía, y a veces me emborracho y le digo a algunos extraños que la gente es tan rara y que la ciudad es tan hija de puta. Bebo un trago de una cerveza que no he pagado y sé que la energía deshecha y los pasos desordenados que doy se quedan flotando en un aire contaminado durante unos segundos. Tan solo unos segundos.
Nadie parece tener ganas de saber el nombre de nadie, pero a veces hay personas que se mueren por entrar en casas que no son suyas. La paradoja mueve al mundo. Nos gusta el sexo y el llanto; la manzana y la cebolla; los domingos y el puñal. Nuestro cuerpo se tuesta al sol pero por dentro estamos llenos de tempestades.
A veces la muerte parece una broma y la vida el contexto. Y me resulto espectadora de escenas que a veces me conmueven hasta hacerme llorar y parece que no me pertenecen aunque sean mías.
El drama siempre ha tenido algo de fascinante. Relamer mis labios una y otra vez, morderme la lengua, reírme hasta causar malestar al propio silencio.
Escapar siempre me ha parecido un verbo valiente, como también siempre he pensado que todos estamos huyendo y nadie se atreve a hablar de ello. Hormigas devorando un cuerpo inerte tan poco a poco que desaparece sin darnos cuenta. Gente sin edad ni ojos que corren hacia alguna o ninguna parte.
Contener el aire en la cabeza, el viento en el pelo y el tiempo en los dientes parece la única solución real e inteligente para tragar todo esto. Pasear lentamente, cercenar las calles enfermas de las ciudades, apagar a pedradas las farolas que quieren descubrir el secreto.
A veces la oscuridad es la única de manera de abandonar la cordura para no volverse loco.
Pero a veces también lo conseguimos y bailamos delante del fin de todo. Contenedores ardiendo, helicópteros sobrevolándonos y aún así podemos arroparnos con la manta como quien se abraza a sí mismo en medio de una tormenta de nieve.
Nos desnudamos. Follamos y lloramos. Acariciamos el suelo y nos quitamos los zapatos. A veces logramos encontrar la calma dentro de la calma que tratamos de mantener.
Y a veces, al menos, quedan dos manos que, combativas, abren fuego y la guerra, bajo el mismo nombre pero siendo otra cosa, se sostiene sobre uñas y caricias. Huellas dactilares como tatuajes y el ritmo de las horas en nuestra espalda.
A veces nuestros pensamientos son nuestras pesadillas, y a veces debería valer con saber que aunque la tormenta estalle ahí fuera, nuestra almohada está llena de estrellas.



"els que ballen i ballen fins que els músics parin / Los que bailan y bailan hasta que los músicos paren"


1.4.12

"que las alas arraiguen

y las raíces vuelen"

Juan Ramón Jiménez

25.3.12

"y lo mejor va a ser que bailemos juntos,
porque así bailamos mejor"

23.3.12

Acostumbraos, pies,
a estos nuevos zapatos de primavera.

Acostumbraos, ojos,
a tantas flores.

Barcelona no es una ciudad cualquiera en la que quitarse la ropa.
Sevilla no es una ciudad cualquiera en la que dejarse la piel.


La revolución ha entrado en mi cuerpo
y no piensa someterse.



21.3.12




Soñábamos ser Blanca y bailar en blanco y negro.
Soñábamos ser asfalto y empaparnos
y ser un montón de ciudades y un montón de luces.

Soñábamos con que iban a querernos así.

Desprendíamos calor.

El mundo nos miraba. Mientras, nos tragábamos la necedad

y reíamos.

Era fácil, a veces.


Fragmentos inconclusos e historias partidas y corazones sedientos y medio millón de acordes tristes que cantaban nuestro nombre pero que jamás lograban tirarnos al suelo.

Parecía fácil no caer al suelo.



Por el cielo de Madrid pasan muchas cosas, menos mi vida.

Ahora agarro el tiempo entre los dientes
sobrevivo
sonrío
bailo despacio
y el suelo a veces es jodidamente frío
y otras veces -algunas- puedo
volar.




18.3.12

de cómo salir ileso
o cómo encontrar motivos.

Nadie dijo nada de límites.

No soy los colores que me pintáis, las canciones que creéis que canto o las palabras que digo para calmar vuestros oídos.
No soy lo que pensáis.
No soy a la que leéis, a la que desnudáis o a la que creéis querer.

Soy otra cosa.

Tengo un millón de disfraces con los que vestirme para vosotros
y jamás vais a descubrir quién soy.

Jamás vais a querer.




Pero
"Nada me para cuando empiezo a crecer".


14.3.12


Pienso en asfalto, pero el mar sigue en mi.
Acaricio las calles pero las gaviotas aún me sobrevuelan.
Siempre lo harán.
He soñado con pueblos azules y faros.
Estaba sola. Pero tú estabas conmigo.

12.3.12

Andar

"Cuando terminó el verano atravesaba la ciudad encima de una bicicleta floja, de tornillos tan desajustados que avanzaba con el constante miedo de caerse en la próxima esquina. Llevó esta sensación a sus sueños - volaba, caía y se levantaba de nuevo.
Sea cual fuera el desafío por el cual se despertaba por las mañanas, vivía el resto del año con el cuerpo en posición de alerta."


Lena Topler
Extraído del libro "Para mi Alicia"



8.3.12

Frío en las camas donde nunca antes se atrevió a pasar el invierno.
Almohadas mojadas y el sexo escondido.
Las escaleras vacías de pasos
y las ciudades oscuras maldiciendo los besos que nunca van a ver.
Los niños sin nombre,
la bombilla de la cocina fundida,
mis pies descalzos sin suelo que pisar.
La tempestad.
Los Domingos por la mañana.
La infancia.
He tenido un día terrible en el trabajo.
Las canciones que permanecerán en el desconocimiento y los paraísos perdidos.
El mundo con las ventanas cerradas.
Los paréntesis y la piel cubierta de verano en un hostal de carretera.
Estás guapa recién levantada.
La madrugada en la que comenzó todo, la tarde en la que pudo haber terminado.
Todos los lugares poniéndose guapos para la foto
y mi corazón dándose entero y solo por todos los rincones de este planeta.
La cantidad ingente de miradas furtivas que no sugieren nada
y el camión de la basura.
Vamos, ¿no ves que llegamos tarde? Pero nos da tiempo, tal vez, a un polvo más encima de la mesa.
Las cortinas abiertas, el vecindario feliz.
Los perros sin amor que ladran por las noches,
el pueblo con mar que tenía la casa perfecta y era azul.

Las estaciones no son una cuestión climática. Voy a comprar todos los vestidos de primavera que existan y voy a seguir coleccionando mapas toda la vida.



Siempre
la misma
sustancia
para
componernos.

Siempre hechos de lo mismo.

7.3.12


No nos sabíamos las reglas pero jugábamos cada día.
Nos reíamos en la cara de un mundo que parecía querer reírse de nosotros. Éramos más rápidos, más bellos, más locos.
Éramos inmortales.
Flotábamos sobre las ciudades como si fuéramos nubes. Etéreos.
Éramos salvajes, fuertes, sedientos.
Indestructibles.
Nos pasábamos el sexo de la boca al puño, y del puño al corazón. Teníamos un lenguaje preciso y sutil de manos y un excéntrico gusto para elegir las personas que no se salvarían. Teníamos hambre de kilómetros y los bolsillos repletos de aire.
Sabíamos de antemano que el mundo no era tan frío, ni tan cruel, ni tan listo. Partíamos con ventaja. Echábamos a correr y las esquinas se doblaban para vernos pasar.
Éramos dioses poniéndole trampas a todos los verbos que hablaban de compromisos, futuros y temores.
Éramos más rápidos y pisábamos más fuerte.
Y estábamos dispuestos a arriesgar la propia vida por seguir sintiéndonos tan vivos.



Te dice: fíjate,
mira mis manos, ¿ves?,
no pesan nada, ¿ves?,
están flotando ¿ves?.*

27.2.12

"Y el fuego del infierno ya es sólo humo."*

23.2.12

Intuyo por dónde está la salida y me cobijo en el camino como en los soportales. Palpo el suelo con mis manos ciegas. La escarcha me quema por dentro y el ruido se me mete en las venas.
Pero no paro.
Me agarro al camino como a un clavo ardiendo. Estudio la huida, trazo los mapas, escribo cuadernos. La misma huida de siempre, la misma llena de sal y silencio. La que me salvó del infierno.
Tengo los ojos cerrados pero me lanzo al camino como sólo se puede lanzar a la vida.
Y estoy sola, con la sonrisa temblando y con el coraje en el bolsillo. Estoy desnuda, mientras alguien canta al final de la calle, con mi nombre clavado en la garganta de todos aquellos que jamás me llamaron.
El mundo son mis brazos, mi pecho y mis piernas.
Me suelto el pelo. Me quito la ropa.
El camino soy yo.

19.2.12

Tantos desconocidos. La soledad condensada en el suelo de mi habitación, y tanto ruido que no tiene que ver conmigo. Mi teléfono vacío y este no saber dónde meter tanto tiempo. Un montón de óxido rasgándome la piel y mi cuerpo impenetrable e impaciente. Todas las excusas que ya no doy, los motivos que no tengo, las mentiras que no invento. Los recuerdos que no recuerdo.

La desidia en las persianas que no bailan y no esconden nada. Mi piano ausente. Mi cama ausente. Mi ausencia. El polvo cubriendo las casas donde un día tuvimos infancia. Y también la desmemoria.

Tanta magia guardada en un saco roto y tan poca primavera. Tanto silencio. Tantas pocas personas. Lo contraproducente de la pasión, que te despoja, te desorden, te da la vuelta.

Las sábanas mojadas abandonadas y estoy tan cansada. Tan cansada.

Se me ha ido aquel olor del pelo, no sé a qué saben los besos ni cómo duele la huida. Los momentos que invertí en un futuro que ya ha pasado, que se consume, que envejece. No hemos guardado fotografías pero tampoco sabíamos que el olvido avanzaría con diagnóstico.

Mirar las calles con ojos extraños y buscar una voz que atraviese. El abandono. Los bares abiertos y mi corazón enclaustrado. Las palabras que nadie entiende, que nadie lee, los días pasando lentos. Inhóspitos.

El miedo a que las cosas se rompan, a los comienzos. Las ciudades bañadas de sol que recorro sola, a pasos lentos, a palabras de desamor. Los finales felices fatales.

18.2.12

Me he quedado a vivir al borde del precipicio.

15.2.12

Mis
colores
son
otros
Pisas mis fronteras y se me revuelve el cuerpo. Te escondes en los límites pero la nube negra te delata.


Parecías camino pero eras alquitrán, y todas las flores estaban muertas en tus balcones.


Ahora todo esto está intentando recuperarse del frío... Tanto tanto frío.


12.2.12

tristura



Un millón de nudos aquí dentro
y ninguna cuerda ahí afuera.

A veces las noches de Sábado, y los bares, y el alcohol, y la gente bailando y sonriendo me resultan brutalmente tristes. Esa gente que se dirige la mirada pero no se mira y habla con los oídos cerrados y parece feliz.
También me ocurre en los cumpleaños, y en las bodas, y en las celebraciones más alegres. Yo sólo puedo sentir una tristeza absoluta y aguda y sólo puedo darme más y más cuenta de que descubrirán la bomba en el primer movimiento del estallido.
Tengo emoción de funeral en algunos nacimientos, y un sabor amargo, de derrota, en las victorias más celebradas.
Hay veces en las que los aplausos y el entusiasmo me dan muchas ganas de llorar. Es entonces, mientras la gente se acerca y se quiere y se abraza, cuando yo huyo por la puerta de atrás con esa sensación de muerte y desasosiego. Brindando por la vida dulce con los labios cerrados, asistiendo a la muerte inevitable de todos los minutos y asumiendo esta tristeza serena como forma de vida,
sólo a veces,
cuando los colores duermen y el resto del mundo se ríe.

Sólo a veces.


9.2.12




"No preguntes ni por qué ni por qué no,
sólo yo sé el motivo y no es bonito.

Me mudaré a otro sitio, me iré de esta ciudad,
pero ahora es de mí mismo de donde me quiero escapar." *


8.2.12

complicidad correspectiva

Me mató muchas veces. Todavía lo recuerdo.
Me miraba fijamente, gesticulaba una mueca entre asco y venganza y vomitaba una frase de prisión y sangre.
Era un hábito, casi un ritual.
Después yo lamía mis heridas, en silencio y despacio, pero nunca me daba tiempo a estar lista para el siguiente asalto. Le devolvía golpes por la espalda, siempre desde el suelo, pero nunca le hacían daño.
Hablaba del origen, de la infancia, ponía su firma a cada palabra para justificar mis silencios. Me besaba en la boca, dejaba el plato limpio y se iba a trabajar con aquellas botas llenas de barro.
No era feliz y no quería estar solo en eso.
Cuando volvía yo limpiaba sus botas, le llenaba el plato y le hablaba del futuro. Nunca escuchaba y nunca decía basta. Sólo me mataba. Me mataba muchas veces.
Primero torcía la cara, después apretaba los dientes y al final me decía de qué color eran mis sueños y qué nombre llevarían mis pesadillas. Yo callaba, anestesiaba mi amor y cerraba los ojos. Eso hacía; desnudarme para exponerme a la tormenta, reunir plomo para pisar más lento, ayudarle a acabar conmigo.
Me mató tantas veces que aún no sé si me mató del todo.
Y ya no queda apenas nada.
La rabia se convirtió en alivio, la venganza en olvido y el tiempo perdido lo invertí en historias que acabaron por suceder.
Lo que sí queda es la culpa.
Siempre la culpa y mis propias manos señalándome. Mi boca acusándome,
una y otra y otra vez, de cómplice de asesinato.

7.2.12

Las peores canciones de regueton,
las más casposas.
Joder, las melodías más horribles que se crearon en la historia

son las que mejores recuerdos me traen.
Los jodidos acordes del horror y los ritmos enfermizos.


Algo ahí arriba se está riendo de mi. (O ahí abajo).



[Un día quise tanto que casi, casi explota todo mi cuerpo.]


5.2.12


Había un verdadero motivo esperándome,
y era este.




so slowly

22.1.12

nada (me) pertenece

21.1.12

Todo puede estallar en algún momento.
.
.
.
.
Todo va a estallar en algún momento.

La mitad de las canciones saben a despedida y la otra mitad se me queda pequeña.

Lo que un día me emocionó ya no me hace temblar, y no queda apenas nada de aquel entonces pero sigue impregnando su olor por todas partes. En este montón de ropa tirada, en estas manos, en este arsenal de aquí no pasa nada pero otras veces lo ocurrió todo.

Recuerdo la lluvia de Madrid, y la luz de aquella playa y las carreteras y el verano atemporal acomodándose en mi piel, y el viento y el cuerpo y el deseo que extasiaba porque estaba prohibido. Y las tormentas que perseguíamos y los amores que rompían las estaciones y los pretextos y el asfalto y las curvas y las cadenas que amenazaban los cimientos de toda la ciudad. Y el sexo cadente y candente y las promesas invertebradas y los futuros inciertos que guardaban silencio.

Siempre me he negado a ser la mitad de mi misma que piensa en huir, pero nunca he dejado de hacer maletas. Y ahora soy solo dos mitades subdivididas en dos mitades y he podido vencer a la melancolía y ahora echo de menos la emoción que un día me mató, toda aquella nostalgia que pudo conmigo y que ya no está aquí.

Esa mitad de la música que se niega a pararse y que me sigue tiene acordes menores y se multiplica por la noche. Me rodea pero no consigue entrar. Y yo abro puertas, y ventanas, pero nada es suficiente. Nadie entiende una mierda y yo no sé cómo explicar. No sé cómo querer explicar.

Guardo los olores, el vaho en los cristales, las prisas por subir, las ganas de escapar, toda la vida en ese coche, toda mi vida en ese coche. Recuerdo los nunca más, los esto va a perseguirme siempre y aquel dame un beso que recuerde hasta que sea viejita. La música en directo retumbando en mis oídos, las cartas, todas las ideas fracasadas que no llegaron a nacer del todo, y el sudor y los planes equivocados y las palabras a destiempo y ese portal que me vio querer, llorar, redimir, eclosionar y morir.

A veces es Domingo demasiado tiempo, y otras veces los Domingos son primavera. Y ya no sé con qué quedarme o qué música bailar. Qué hacer con lo puesto, a qué contenedor tirar todo lo que sobra pero es mío. Y no sé si pisar el acelerador ahora que puedo o dejar que otro viento me vuele el pelo. Y no sé si alguna vez tendré una ínfima oportunidad para volver a sentir todo aquello que era tanto y todo y tan.

Todo lo que soy puede resumirme en un par de calles y tres fotografías, pero todo lo que fui y ya no lleva mi nombre no cabe en ninguna canción, en ninguna frase y en ninguna vida.

16.1.12

Puede que otra vez no sea cierto, pero siento cómo el fuego me quema por dentro.






Nos vestíamos
despacio
después de habernos arrancado
la piel.

7.1.12

adiós a todo esto.

6.1.12

Quemar cada centímetro de ciudades ya de por sí muertas. Arrastrar el cadáver como se arrastran hojas también sin vida.
Acercar la soga a los corazones cansados de latir aún sabiendo que son ellos los que dan cuerda al mundo. Empujar después la silla.
Beberse los veranos estancados en bares de barrio, besar las malas costumbres disfrazadas de labios extraños, bailar con la muerte de viejas pasiones mientras otro mundo explota en algún sitio.
Buscar pretextos en cuchillos afilados, moderle el cuello al invierno, permanecer en una vida que no es la tuya mientras cesa la tormenta.

Cumplir el protocolo.